La extrema derecha española, alineada con estrategias que ya funcionan en otros países europeos, ha encontrado en la inmigración su herramienta predilecta para articular un relato de miedo, rechazo y desconfianza. No importan los datos; importa la emoción inmediata, el impacto del titular, la capacidad para convertir al "otro" en una amenaza constante. En esa lógica, los matices desaparecen. Tampoco hay interés en comprender los procesos complejos que acompañan a las migraciones contemporáneas. La consigna es simple: cuanto más miedo, más adhesiones.