En escasas ocasiones tomamos el tiempo y el momento para reflexionar qué papel tenemos en el Trabajo Social, y más desde una generación que oscila entre los 25-35 años de edad. Empleamos el lugar de enunciación como constructo ético, político y personal para pensar cómo construimos nuestra identidad de Trabajo Social, dando con ello cuenta de las distintas vicisitudes a las que nos enfrentamos, nuestro pasado profesional y el ámbito desde el que desarrollamos nuestra acción. Elementos que también marcan las inquietudes que queremos seguir luchando como profesión. Muestro este camino a través de mi propia experiencia y los escenarios que he transitado, mostrándome que el Trabajo Social concurre entre lo político, personal y lo ético.