El presente artículo, nace del encargo de participar en la Mesa Redonda sobre Solidaridad Intergeneracional, celebrada el 18 de marzo de 2025 con motivo de los actos de celebración del Día Internacional del Trabajo Social en León. Surge así la duda de ¿qué entendemos por solidaridad intergeneracional? y más aún ¿qué practicas realmente merecen tal nominación? Este artículo pretende arrojar luz a la cuestión, incidiendo en que ni se trata de una cuestión menor para la profesión, ni todo vale a este respecto. Examina la fragmentación por edades y sus efectos en estereotipos, soledades y decisiones públicas poco integradoras. Propone mirar más allá de la edad cronológica y centrarse en trayectorias, roles y espacios de encuentro, con zonas de contacto intergeneracional que aseguren propósito, cooperación, estatus igualitario, seguridad y evaluación. Reivindica la comunidad como base de cuidados y participación, y define la aportación específica del Trabajo Social desde una visión renovada al ámbito comunitario, articulando servicios y vida pública. El núcleo se desarrolla en siete retos a afrontar, ilustradas con iniciativas reales en funcionamiento. Por último, el apartado de conclusiones anima a retomar hilo y aguja para recomponer los lazos que nunca debieron deshilarse entre grupos, generaciones y comunidades, volviendo la mirada a lo que en esencia somos
The article frames the 2025 theme on intergenerational solidarity as an operational agenda for Social Work. It begins with questions and a clear conceptual delimitation of intergenerational solidarity and the practices that truly qualify as such. It states what it is not, to avoid a “anything goes” approach and to protect rights. It examines age-based fragmentation and its effects on stereotypes, loneliness, and non-integrative public decisions. The paper argues for looking beyond chronological age and focusing on life-course trajectories, roles, and encounter spaces, through intergenerational contact zones that ensure purpose, cooperation, equal status, safety, and evaluation. Community is reclaimed as the base for care and participation, while Social Work’s specific contribution is defined through a (re)community-oriented approach that connects households, services, and public life. The core unfolds through seven narrated controversies—quality over labels, cooperation without familism, infrastructure and social fabric, avoiding ageist filters, measuring what matters, local sustainability, and bridges between education and care—each illustrated with a brief real-world initiative. The conclusion is a call for community social work that weaves durable ties with quality standards, evaluates without flattening meaning, and turns everyday intergenerational encounters into sustainable public structure