Málaga, España
La tecnología en general y la inteligencia artificial (IA) en particular han resquebrajado las costuras de los sistemas económicos, sociales, políticos y jurídicos. El sistema tributario, cuya aplicación real y efectiva recae en las autoliquidaciones tributarias presentadas por los obligados, viene sufriendo una revolución sin precedentes debido a, entre otros motivos, la delegación de la voluntad humana hacia las máquinas, que, a decir verdad, solo supone la manifestación más visible de un fenómeno subyacente. Dicha realidad anticipa una tendencia: con mayor frecuencia los obligados al pago delegan en la IA la presentación de las mismas, pero ello también se produce con la propia potestad administrativa, ya que se ha confiado a la citada tecnología la confección, elaboración, notificación y, en ocasiones, la motivación de los actos administrativos. En este escenario, el marco jurídico de aplicación poco o nada aporta para afrontar los desafíos propuestos, y se ha producido un desplazamiento progresivo de la virtualidad de lo normativo frente a la eficacia de los textos estratégicos, donde esa autoliquidación tributaria –como manifestación inequívoca de la voluntad de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos– debe enmarcarse, y todo ello podría conducir, en un horizonte temporal inmediato, a su desaparición en los términos en los que actualmente se articula.
Technology in general, and artificial intelligence (AI) in particular, have strained the seams of economic, social, political, and legal systems. The tax system –whose practical and effective application relies on the self-assessments filed by taxpayers– is undergoing an unprecedented legal-technological transformation, in which the delegation of human will to machines represents merely the most visible manifestation of a deeper phenomenon.This evolving reality also reveals a broader trend: taxpayers are increasingly delegating to AI not only the drafting and preparation, but also the actual submission of their tax returns. Beyond this, such delegation now extends to the very exercise of administrative powers: the same technology is entrusted with the preparation, issuance, notification, and, at times, even the reasoning of administrative acts.Within this context, the applicable legal framework offers little –if anything– to address these emerging challenges. There has been a progressive shift away from the normative force of legal texts in favor of the practical effectiveness of non-normative strategic instruments. It is within this framework that the self-assessment procedure –an unequivocal expression of the taxpayer's will to contribute to public expenditure– must now be situated. In the near future, this procedure may even disappear altogether in its current legal configuration.