La inteligencia artificial (IA), y en especial la IA generativa, está transformando el trabajo reorganizando tareas más que eliminando empleos. La automatización puede aumentar o reducir los requisitos de experiencia profesional, con efectos contraintuitivos sobre salarios y empleo al modificarse las barreras de entrada. Estos efectos dependerán no solo de la capacidad técnica, sino también de la acción humana. Además, la IA induce un sesgo hacia la antigüedad, pudiendo dificultar el acceso de los perfiles junior. Al mismo tiempo, ofrece oportunidades relevantes en educación, lo que exige priorizar conocimientos de IA y habilidades complementarias y repensar las vías de acceso al empleo, especialmente en España.