El fuerte crecimiento de la economía española y la disponibilidad de un volumen ingente de fondos europeos conforman un contexto favorable a la inversión empresarial, variable clave para la productividad y la prosperidad futura. Sin embargo, los resultados no se ajustan a las expectativas, y el esfuerzo inversor del sector privado se sitúa todavía en retroceso frente al nivel prepandemia. Este déficit refleja el clima de incertidumbre, tanto internacional como doméstica, factor que incita a un comportamiento de sobreahorro por parte de las empresas. Urge abordar las trabas que aminoran el efecto tractor del programa Next Generation, aportando también seguridad jurídica, abordando otros factores relacionados con la estabilidad del entorno institucional y diversificando los instrumentos de la financiación de la economía.