Los últimos años han sido un momento de auge de sectores conservadores y de extrema derecha que han hecho de las ciencias sociales, las humanidades y las artes, de la educación y de la investigación públicas un blanco de ataque sistemático. Estos embates se basan en una desconfianza intrínseca hacia la ciencia, en el apogeo de discursos antiderechos y negacionistas y en una constante búsqueda de erosión del pensamiento crítico y transformador. Tal feroz ofensiva discursiva y su correlato material en el desfinanciamiento de las instituciones científicas y de la educación pública en general reconocen el potencial transformador del conocimiento crítico, que estos discursos saben capaz de disputar sentidos hegemónicos y orientar políticas emancipadoras. En este escenario en el que las nuevas derechas avanzan con proyectos de sociedad antagónicos y una abrumadora adhesión social que desborda las fronteras de clase, las ciencias sociales, las humanidades y las artes tienen un papel central: ofrecer lenguajes, herramientas y argumentos que permitan reconstruir el sentido común democrático desde el Sur global.