Encontrarse con la realidad de los jóvenes desde una mirada adulta, puede resultar una experiencia enriquecedora y desafiante a la vez. Siempre ha sido una tarea difícil y compleja interpretar una generación a la luz de los criterios de otra, y más aún, en los tiempos vertiginosos y cambiantes que nos tocan vivir.
En ese marco lleno de interrogantes, inseguridades y confusión, educar en la fe y transmitir valores suele ser motivo de gran preocupación y de autoexigencia para los adultos que actúan como referentes. Por ello, se impone dar respuesta urgente a la evidente necesidad de una alianza colaborativa entre la familia y las instituciones educativas, donde la educación sea “el cultivo de procesos” como enseña el Papa Francisco.
Los padres en el ejercicio de sus responsabilidades de guías y con la irremplazable cercanía afectiva deben encontrar las mejores estrategias y habilidades -sin recetas preestablecidas- para comprender y acompañar a los jóvenes a alcanzar y realizar su proyecto de vida.
Este trabajo pretende profundizar la reflexión de los adultos e invitar a encontrar los puentes de comunicación con el mundo interior de las nuevas generaciones en temas como la familia, el matrimonio, la sexualidad y otros.