Este artículo aborda la relación esencial entre la salud conyugal y la adecuada parentalidad desde una perspectiva antropológica, ética y teológica. Se plantea que una sana conyugalidad, fundamentada en una jerarquización coherente de valores y en la madurez emocional de los cónyuges, es condición necesaria para ejercer una parentalidad responsable y formativa. La carencia de esta base relacional afecta negativamente el desarrollo afectivo y axiológico de los hijos, generando incertidumbre y posibles trastornos. Se subraya la importancia de una relacionalidad madura, inspirada en una visión cristianade la persona y del matrimonio, como fundamento para una auténtica cultura familiar y parael desarrollo integral de los hijos.