La repercusión de la actividad científica y quirúrgica de Hipólito Piñeiro Martínez es extensa y con repercusión en algunos procesos clínicos que contribuyeron en la práctica a una mejor asistencia y tratamiento de los pacientes quirúrgicos y a una disminución de la mortalidad de algunas patologías específicas. En este sentido resalta su contribución a la mejora de la práctica clínica en los albores del Servicio de Cirugía de la Residencia Sanitaria Almirante Vierna y el liderazgo en la implantación y desarrollo de la nutrición parenteral y enteral en Vigo y por extensión en Galicia, técnicas que estudió desde sus inicios y que permitió mejorar la supervivencia de muchos pacientes en estado de malnutrición o con riesgo de desarrollarla en el curso evolutivo clínico o postoperatorio. El carácter tímido o introvertido de Hipólito Piñeiro Martínez ocultó sin embargo los frutos de una labor resiliente y de equipo. Por el contrario, todos sus compañeros de Servicio reconocían en él a una persona de gran humanidad, respetuoso en el trato y en la contraposición de opiniones, trabajador tenaz, perseverante y siempre actualizado, siempre abierto a las innovaciones científicas. Desde su egreso como licenciado en Medicina y Cirugía enfocó su devoción hacia la cirugía general y en ella se desarrolló, aportando lo mejor de sus capacidades humanas, intelectuales y científicas, logrando propulsar desde su tranquila individualidad el trabajo en equipo. Los logros y los esfuerzos de la medicina a nivel local suelen pasar desapercibidos o quedar circunscritos al ámbito médico y a los compañeros de vivencias profesionales, sin trascender a otros foros accesibles a la ciudadanía, incluso en casos como el de Hipólito Piñeiro que ejerció toda su actividad profesional en Vigo, la ciudad más cercana a su Moreira (Ponteareas) natal.
En sus inicios médicos, años sesenta y setenta, la cirugía avanzaba con rapidez, aunque en España los grandes centros formativos de la especialidad eran aún escasos y de difícil acceso. Destacaban algunos centros sanitarios de Madrid, Valencia y Barcelona, una ciudad pletórica de afanes culturales, artísticos y científicos, entre ellos la medicina. Quienes como Hipólito Piñeiro se especializaron en esa gran ciudad y retornaron a Galicia, solían añorar las vivencias de sus fecundos años formativos. Cabe señalar que entonces, grandes profesionales gallegos se formaron en Cataluña y formaron parte de la plantilla de centros catalanes o de otras comunidades españolas.