La cadena pública se enfrenta a una crisis a distintos niveles que se ha convertido también en un arma arrojadiza en la batalla cultural británica, en medio de la renovación de su modelo de financiación. A este viejo fantasma se suman las recientes quejas por vulneración de sus directrices editoriales: la amenaza de una multa millonaria por parte del presidente de los Estados Unidos ha sido la última de una lista que se ha incrementado en poco tiempo y por la que se han producido importantes dimensiones. Existe la duda de si está siendo víctima de una ofensiva ideológica orquestada por la derecha o si parece una decadencia interna que ella misma ha permitido.