En los últimos años se está registrando una pérdida de confianza en todas las instituciones sociales, siendo más notable en el periodismo, pues su funcionamiento se basa precisamente en la credibilidad. Este menoscabo resulta aún más sobresaliente en el panorama español, donde el sector debe resurgir sin caer en el victimismo, sino atendiendo de manera prioritaria a las necesidades de sus principales activos de valor: los propios periodistas y las audiencias.