La globalización es un proceso histórico impulsado por la expansión de los mercados capitalistas que además se caracteriza por periodos de rápido crecimiento e integración de los mercados, seguidos de otros de políticas proteccionistas y nacionalistas que retrasan esta integración. Durante el período fordista, posterior a la Segunda Guerra Mundial, los Gobiernos nacionales intervinieron significativamente para mediar entre los intereses del capital y los del trabajo. Esta intervención facilitó la expansión de los derechos y el bienestar laboral, a la vez que contribuyó al crecimiento de las grandes corporaciones. Bajo el fordismo, los sindicatos tomaron auge y se fortaleció la legislación a favor de los trabajadores, sin embargo, la crisis del petróleo en los años setenta y la consiguiente estanflación mundial precipitaron el declive del fordismo. Posteriormente, fue reemplazado por un régimen neoliberal que promovió la globalización. Durante esta etapa, la legislación a favor de los trabajadores se redujo o se eliminó, y las corporaciones lograron reducir costos al reubicar la producción en sitios nacionales e internacionales menos costosos y políticamente compatibles. Entre 1975 y 2020 la desigualdad económica aumentó significativamente, con una notable concentración de la riqueza en las clases sociales y los países más ricos. La oposición inicial a la globalización neoliberal provino de grupos de izquierda que criticaron sus políticas antilaborales y antiambientalistas. En 2015 surgieron nuevos movimientos populistas que se oponían a la globalización con plataformas nacionalistas y autoritarias. Estos movimientos apoyan a las grandes corporaciones y a los ricos, mientras que solo abordan nominalmente las preocupaciones laborales. Sus ataques a los principios democráticos, los derechos de los ciudadanos y el estado de derecho, sumados a políticas que deterioran las condiciones de las clases media y trabajadora, crean una vía hacia el autoritarismo que exacerba, en lugar de resolver, las contradicciones del capitalismo contemporáneo.
Globalization is a historical process driven by the expansion of capitalist markets. It is characterized by periods of fast growing and integration, followed by intervals of protectionist and nationalist policies that delay further market integration. The current era, which began in the mid-2010s, exemplifies such a historical period. During the post-World War II Fordist period, national governments significantly intervened to mediate between the interests of capital and labor. This intervention facilitated the expansion of labor rights and well-being while also contributing to the growth of large corporations. Under Fordism, labor unions gained strength, and pro-labor legislation was enhanced, however, the oil crisis of the 1970s and the resulting global stagflation precipitated the decline of Fordism. It was subsequently replaced by a neoliberal regime that promoted globalization. During this period, pro-labor legislation was reduced or eliminated, and corporations were able to reduce costs by relocating production to less expensive and politically compliant domestic and international locations. Between 1975 and 2020, economic inequality increased significantly, with a notable concentration of wealth among specific social classes and countries. Initial opposition to neoliberal globalization came from left-leaning groups who criticized its anti-labor and anti-environment policies. By the mid-2010s, new populist movements emerged, opposing globalization on nationalist and authoritarian platforms. These movements support large corporations and the wealthy, while only nominally addressing labor concerns. Their attacks on democratic principles, citizens’ rights, and the rule of law, coupled with policies that deteriorate the conditions of the middle and working classes, create a pathway to authoritarianism that exacerbates rather than resolves the contradictions of contemporary capitalism.