En el año 2024 la República de Honduras ratificó, tras varios años de espera, el Tratado Integracionista del Bicentenario, previamente ratificado por Nicaragua en 2021. Con este tratado ambos Estados han delimitado sus fronteras marítimas en el mar Caribe y en el océano Pacífico sin tener en cuenta los intereses de su vecino El Salvador, Estado ribereño en el Pacífico y ha ha expresado su oposición a la nueva frontera y la inoponibilidad del acuerdo. De tal manera, que lejos de contribuir a la pacificación de la región, con este acuerso de deliminación ha dado lugar a un aumento de los conflictos diplomáticos y tensión en la región. El instrumento se inscribe en la práctica de consolidar límites mediante acuerdos post-contenciosos, pero lo hace en un entorno especialmente sensible, el Golfo de Fonseca, bahía histórica sujeta a un régimen de comunidad de intereses, donde persisten controversias de soberanía y retos de gobernanza compartida en la gestión de sus aguas.