Madrid, España
Este artículo profundiza, siguiendo la secuencia de la serie, en el concepto de poder tal como lo formula la tradición realista. Frente al optimismo liberal de los años noventa y a la tesis del fin de la historia, el realismo —de Tucídides y Maquiavelo a Hobbes, Weber y, más recientemente, Portinaro— recuerda que la política se sostiene en tres motivaciones persistentes: el miedo, la utilidad y el honor. Estas pasiones, inscritas en la estructura antropológica humana, impulsan la expansión del poder y generan fricciones inevitables entre individuos, grupos y Estados, haciendo del conflicto una constante histórica y no una anomalía. Desde esta perspectiva, la crisis contemporánea del orden internacional y el retorno de la competencia geopolítica no constituyen sorpresas, sino la reaparición de dinámicas profundas que habían quedado momentáneamente eclipsadas. El artículo examina así cómo estas motivaciones íntimas estructuran la acción humana y por qué, desde el prisma realista, el poder no es solo un medio, sino un fin en sí mismo cuyo impulso expansivo moldea la vida social y política.