City of Canterbury, Reino Unido
El texto explora lo que se describe como la paradoja fundamental del derecho moderno: su capacidad para suspenderse a sí mismo y socavar los mismos derechos que está llamado a proteger. El autor critica cómo esta paradoja ha sido normalizada y velada tanto en la ortodoxia jurídica como en su crítica, argumentando que las pretensiones fundacionales del derecho moderno (por ejemplo, su universalidad o imparcialidad) son construcciones históricas que, desde el siglo XIII, se articulan sobre un modelo que entiende el poder como bipolar. La lógica autorreferencial y autosuspendida del derecho debe ser examinada a través de una lente histórica crítica, especialmente en lo que concierne a sus raíces teológicas cristianas y, por extensión, a sus legados coloniales. A través de fuentes medievales (como Salisbury o Bracton), el texto muestra cómo la soberanía ha sido concebida históricamente como a la vez absoluta y limitada. Conceptos como los “Dos Cuerpos del Rey” (la persona pública frente a la privada) y el principio de estar “legibus solutus” (no sujeto a la ley) ilustran cómo el poder ha sido enmascarado por ficciones jurídicas y teológicas. La gobernanza moderna reproduce la lógica de la providencia divina y su estructura bipolar, en especial mediante distinciones clave como ser/praxis, ordenación/ejecución. Desde esta perspectiva, la noción de voluntad general (que va desde sus orígenes divinos hasta Rousseau) se convierte en un dispositivo central para transformar a la multitud en un “Pueblo” unificado, haciendo posible tanto la democracia del Estado-nación como sus formas autoritarias. Esta dinámica se intensifica aún más en la actualidad, donde la gobernanza es modulada por controles tecnocráticos y algorítmicos que reproducen una máquina despolitizadora en el corazón de la noción occidental de poder, camuflada bajo la apariencia de una democracia consensual
This paper explores what is described as the fundamental paradox of modern law—its capacity to suspend itself and to undermine the very rights it is supposed to uphold. Zartaloudis critiques how this paradox has become normalized and obscured within both legal orthodoxy and critique, arguing that modern law’s foundational claims (e.g., universality, impartiality) are historically constructed since the 13th century on a model of understanding power as bipolar. Law’s self-suspending, self-referential logic must be examined through a critical historical lens, especially its Christian theological roots and, by extension, its colonial legacies. Using medieval sources (e.g., John of Salisbury, Bracton), the paper shows how sovereignty has historically been conceived as both absolute and limited. Concepts like the “King’s Two Bodies” (public vs. private personae) and “legibus solutus” (not bound by law) demonstrate how power has been masked by legal and theological fictions. Modern governance mirrors divine providence and its bipolar logic, especially through key distinctions between being/praxis, ordination/execution. Following on from this, the conception of the general will (from divine origins to Rousseau) becomes a central device for transforming the multitude into a unified “People”, enabling both nation-state democracy and authoritarianism. This is further intensified today as governance is shaped by technocratic and algorithmic controls reproducing this depoliticizing machine at the heart of the western notion of power, disguised as consensual democracy