Generalmente el activismo se ve como una amenaza el cuestionar el statu quo y poco se reconoce como una forma necesaria y legitima de expresión democrática, que permite generar cambios y poner en discusión pública temas contingentes y a menudo difíciles. Mucho del activismo está en la frontera de los avances sociales, buscando lo que debe cambiar por algo que aún no existe. Es el caso de las mujeres que lograron el voto, el derecho a que sus hijos no sean ilegítimos o el fin de la esclavitud.