Durante el siglo XIX Gran Bretaña vio proliferar una constelación de proyectos de “vuelta a la tierra”, iniciativas de grupos que se desvinculaban voluntariamente de la vida urbana para fundar comunidades relativamente independientes en el campo. Respondiendo a los cambios sociales y males que aquejaban a las clases trabajadoras en la ciudad industrial, el movimiento continuaba, bajo nuevas formas, una larga tradición de resistencia contra la expulsión de los estratos populares del medio rural.