Salamanca, España
Jaén, España
Este artículo en forma de ensayo defiende que resistir no significa abandonar la disciplina, sino habitarla críticamente.
Frente a la naturalización de las prácticas institucionales, el pensamiento foucaultiano ofrece herramientas para desestabilizar certezas y abrir fisuras donde florecen otras formas de relación, escucha y cuidado.
Esta resistencia no es grandilocuente, sino cotidiana y dispersa; no se basa en nuevos códigos deontológicos, sino en formas de vida que transforman la práctica desde dentro. La intersección entre Foucault y el trabajo social no ofrece soluciones, sino problemas fecundos: una mirada incómoda que permite mantener abierta la posibilidad de una ética viva, plural y resistente.