Este artículo analiza las formas en que se manifiestan, normalizan y legitiman las violencias intrafamiliares hacia jóvenes hombres que construyen sus sexualidades desde las disidencias sexuales y de género en Cartagena de Indias, una ciudad atravesada por desigualdades estructurales, arraigos religiosos y tramas familiares patriarcales. Desde un enfoque cualitativo-fenomenológico y una perspectiva crítica, interseccional y situada, se realizaron 43 entrevistas y 10 grupos de discusión con jóvenes de sectores populares, identificando cinco categorías clave: regulación, coacción, corrección, defensa moral e indefensión.
Los hallazgos muestran cómo el entorno familiar, lejos de ser un espacio seguro, funciona como un dispositivo de normalización que, bajo discursos de afecto o protección, impone límites al deseo y sanciona las disidencias, consolidando un régimen de disciplinamiento afectivo y simbólico. En este contexto, el hogar se convierte en escenario de pedagogías de la crueldad, con impactos severos en la salud mental, la autoestima y el derecho al reconocimiento. El estudio aporta herramientas analíticas para comprender la violencia simbólica en el ámbito familiar y propone rutas de intervención psicosocial y acción pública que reconozcan las resistencias juveniles y cuestionen las jerarquías heteronormativas que sostienen estas violencias.
This article analyzes how they manifest, normalize, and legitimize intra-familial violence against young men who build their sexualities from sexual and gender dissensions in Cartagena de Indias —a city crossed by structural inequalities, religious roots, and patriarchal family plots. Using a qualitative-phenomenological approach and a critical, intersectional, and situated perspective, 43 interviews and 10 discussion groups were conducted with young people from marginalized urban sectors, identifying five key categories: regulation, coercion, correction, moral defense, and defenselessness.
The findings show how the family environment, far from being a safe space, operates as a normalization device that, under speeches of affection or protection, imposes limits on desire and sanctions dissident identities, consolidating a regime of affective and symbolic discipline. In this context, the home becomes a setting for the pedagogy of cruelty, producing severe impacts on mental health, self-esteem, and the right to recognition. The study provides analytical tools to understand symbolic violence in the family sphere and proposes routes of psychosocial intervention and public action that recognize youth resistance and question the heteronormative hierarchies that sustain these forms of violence.