Cuando los movimientos sociales se vuelven apáticos, la austeridad presupuestaria domina el debate público y un presidente francés y una burocracia europea ven en el rearme y la retórica belicista el remedio a su gran impopularidad, conviene recordar que en Francia, en noviembre y diciembre de 1995, un gran rechazo popular detuvo la maquinaria y abrió nuevos horizontes.