La imagen idealizada asocia Bután, un pequeño país en el corazón del macizo del Himalaya, con la serenidad de las cumbres en las que se enclava. Lejos del bullicio de las metrópolis occidentales, sus habitantes cultivarían un modo de vida ancestral, con una inclinación singular hacia la felicidad. Pero sobre el terreno emerge otra realidad en la que se mezclan budismo, criptomonedas y desempleo. Tanto es así que muchos de sus habitantes emigran.