Con el paso de los años, los Países Bajos se han convertido en un laboratorio de alianzas y cohabitaciones entre los diversos partidos de la derecha, incluidos los de la extrema derecha. Las divisiones y desacuerdos, así como un discurso cada vez más radical sobre inmigración, les han costado a estas formaciones una derrota por la mínima en las recientes elecciones legislativas. Pero no debe descartarse su repunte a corto plazo.