Santiago, Chile
El artículo presenta una propuesta de interpretación del engaño en la estafa. El punto de partida consiste en constatar que “engañar” es un verbo resultativo, por cuanto la conducta que designa es, en primera línea, una conducta que resulta en un error. Por eso, el error es parte de la descripción del engaño. Lo anterior da pie para distinguir entre una dimensión ilocutiva y una dimensión perlocutiva del engaño. En relación con la dimensión ilocutiva, se argumenta que ha de consistir en una aserción falsa sobre información relevante para llevar a cabo una disposición patrimonial racional, siempre que el disponente esté legitimado para esgrimir un reclamo de verdad a su contraparte. Luego de eso, se argumenta que cualquier exigencia de una cualificación objetiva ex ante de la maniobra engañosa (al modo de las teorías de la imputación objetiva) resulta improcedente. Lo anterior da pie para poner en relieve que la principal prestación sistemática de tal cualificación es la de permitir dilucidar la cuestión de la concurrencia o no del error. En reemplazo de dicho de modo de proceder, en relación con la dimensión perlocutiva del engaño, se sostiene que la determinación del error debe llevarse a cabo en sus propios términos y no con cargo exclusivo a la idoneidad de la maniobra engañosa. Para ello se ha considerar la peculiaridad de la relación causal entre aserción falsa y la creencia falsa (el error), así como la circunstancia de que tal creencia, como toda actitud proposicional, se adscribe.
The article presents a proposal for interpreting deception in fraud. The starting point is to acknowledge that "to deceive" is a resultative verb, as deceiving is, primarily, an action that results in a misconception. Therefore, the misconception is part of the description of deception. This leads to distinguishing between an illocutionary dimension and a perlocutionary dimension of deception. Regarding the illocutionary dimension, it is argued that it must consist of a false assertion about information relevant to making a rational patrimonial disposition, provided that the disposer is entitled to assert a claim of truth to their counterpart. Following this, it is argued that such conditions are necessary and sufficient, making any requirement for an objective ex ante qualification of deception (in the manner of objective imputation theories) inappropriate. This highlights that the main systematic contribution of the ex ante qualification of the deceptive maneuver is to allow for the clarification of whether or not a misconception has occurred. Instead of this approach, regarding the perlocutionary dimension of deception, it is argued that the determination of the misconception should be carried out on its own terms and not solely based on the suitability of the deceptive maneuver. To this end, the peculiarity of the causal relationship between the false assertion and the false belief (the misconception), as well as the fact that such a belief, like all propositional attitudes, is ascribed, must be considered.