El nuevo estoicismo caracterizó filosóficamente al Imperio romano. La doctrina de fraternidad universal de la tercera Stoa encuentra numerosos puntos de contacto con el cristianismo. La obra del cordobés Lucio Anneo Séneca, contemporáneo del peregrinaje redentor de Jesús de Nazaret, es un ejemplo de dicha conexión entre estoicismo y cristianismo. El profundo pathos religioso que invade la obra de Séneca ha motivado que haya sido calificado, por algunos autores, como un seguidor del cristianismo. Es en el estoicismo romano donde se encuentra una primera formulación precisa del Derecho natural que podemos ubicar dentro del iusnaturalismo humanista. De entre las versiones del iusnaturalismo en la historia, es, precisamente, la del iusnaturalismo humanista la que mayor fecundidad histórica ha alcanzado, por su permanente lucha por la defensa de la dignidad humana y por haber cumplido la importante misión de educar a la humanidad a construir una convivencia civilizada. En esa conexión entre estoicismo y cristianismo puede encontrarse el germen del paradigma de justicia, o de validez material, propio del Estado Constitucional de Derecho.