Este artículo explora la importancia del cine documental como herramienta cultural, artística y de construcción histórica. A través de experiencias personales y ejemplos concretos, el autor reflexiona sobre el valor del cine no solo como medio de entretenimiento, sino como un instrumento capaz de preservar la memoria, cuestionar narrativas oficiales y ofrecer nuevas miradas sobre la sociedad y sus conflictos. Se analizan las particularidades del cineasta frente al historiador, las limitaciones y riesgos inherentes al documental, así como el potencial del medio para denunciar injusticias, sensibilizar y contribuir a la memoria colectiva. Finalmente, se subraya la necesidad de un equilibrio entre rigor y creatividad, evitando el sensacionalismo y apostando por una mirada crítica y honesta hacia la historia.
This article explores the importance of documentary cinema as a cultural, artistic, and historical tool. Through personal experiences and concrete examples, the author reflects on the role of cinema not only as entertainment but also as a medium capable of preserving memory, questioning official narratives, and offering new perspectives on society and its conflicts. The paper discusses the differences between filmmakers and historians, the inherent limitations and risks of documentary work, and the potential of the medium to denounce injustice, raise awareness, and contribute to collective memory.