«Una sociedad sin una burocracia no puede funcionar. Nadie sensato puede eliminar la burocracia. Hay que convivir con la burocracia. Por lo tanto, el camino es mejorar la actividad burocrática. Se trata de: A) Hacer una legitimación «servicial» de la burocracia, a la luz del servicio público. De forma superadora, la legitimación de la actividad burocrática ya no será, una legitimación carismática, ni autoritaria, ni racional o legal, sino que hemos de ir más allá, y que sea el servicio público, la «obligación debida» a usuarios y ciudadanos, la brújula que oriente y justifique todo el conjunto de actividades que despliega una organización burocrática. B) Cambiar la actitud de la organización burocrática. La burocracia moderna ha de ser un «proyecto permanente y en curso» en rediseño continuo, que requiere transparencia, vigilancia, humildad y disposición para monitorear los resultados y cuestionar la actividad (Emilio J. Castilla). El diseño cuidadoso y el análisis y la supervisión constante, son las líneas vertebradoras de la actividad, que implica un trabajo paciente e incómodo y un «compromiso incondicional y continuo»; no se trata de solo lanzar eslóganes. Así, será posible mejorar la eficiencia organizacional, mediante definiciones claras, uso de datos y monitoreo continuo. Y en la existencia de una igualdad de oportunidades para todos, como condición clave para la implementación de una organización burocrática sana. C) La transparencia como estandarte de la organización burocrática. La transparencia desempeña un papel fundamental en la construcción de confianza entre instituciones, organizaciones, usuarios, ciudadanos y profesionales. Su principal finalidad es garantizar el acceso a la información de manera clara y veraz, permitiendo que las personas comprendan las decisiones, situaciones, procesos y el uso de los recursos».