La transformación tecnológica del sector público es irreversible per profundamente humana. los valores que implementen esa transformación deben prevalecer sobre el automatismo digital. Un fuerte componente ético y moral debe impulsar esta transformación para conseguir una Administración más justa y eficaz. La transparencia, la rendición de cuentas y la confianza ciudadana no pueden mermarse en el tránsito a la revolución tecnológica.