Como equipo directivo, somos un grupo heterogéneo de LAJS que persigue ser homogéneo, formado por diversas generaciones. Todas nos consideramos rotundamente profesionales. Todas somos, a la vez, aprendices, discípulas y maestras… Somos conscientes de que la verdadera riqueza profesional está en la dignidad con que se camina y actúa, y en la belleza que se es capaz de descubrir en cada uno de nuestros actos de trabajo y servicio: vivir con belleza y dignidad es esencial. Y que el triunfo o el fracaso de cualquier proyecto organizativo requiere las energías no de una sola persona, sino de un equipo o comunidad, de una lista de múltiples ideas, enfoques, maneras de hacer, de escuchar y de ser escuchado. Por eso, hemos iniciado, con tremenda ilusión, nuestro «cursus honorum», nuestra oportunidad de mejorar el servicio público de la Administración de Justicia. Sabemos que será difícil. El cambio es automático, el progreso no. El Ministerio de Justicia y/o las CCAA han delegado en los propios LAJS de base la tarea de «creativar» la estructura funcional de los nuevos Tribunales de Instancia. El camino puede ser sinuoso y lleno de incertidumbres. Todo está por hacer… Por ello, somos creativadoras, nos sentimos innovadoras y creativas, aunque sabemos que hacer grandes cosas es difícil y ordenarlas es aún más. Así, la primera responsabilidad será definir y parametrizar la realidad; la última, dar las gracias: y entre ambas circunstancias, todo será servicio. «Porque estamos aquí para ser ejemplares y, si es posible, aplicar el derecho con propiedad» (Jaume Herraiz). Y «todas las versiones de un proyecto se contienen en la ejemplaridad. Hay un lenguaje superior a todos: el lenguaje de los hechos. El ejemplo no es lo que más influencia a las personas: es lo único» (Frank Pacuco). Todo será muy complejo y complicado; de todas las miserias del ser humano, esta es la peor de todas: saber tanto y no tener dominio de nada (Heródoto). Pero solo existe el fracaso cuando dejamos de esforzarnos. Liderar, dirigir y organizar exige virtud, sabiduría, servicio y confianza: todo eso lo tenemos. Ahora, como diría Mario Benedetti, «… solo queda imaginar lo precioso que puede ser arriesgarse… y que todo salga bien».