Es un hecho que cada vez se lee menos literatura jurídica, aunque también es cierto que ha descendido abruptamente tanto la calidad de lo publicado como el interés de los juristas por la lectura, tan abruptamente como ha aumentado el volumen de las publicaciones, ahora inmenso. En este ensayo se intentan dar las claves de este desagradable fenómeno al que, si no se le pone remedio, acabará con la cultura jurídica de una o varias generaciones.