Muchos de los temas que nos suceden en las organizaciones, nos parecen nuevos, pero ya fueron objeto de reflexión siglos antes, y si los retomamos, encontramos respuestas o al menos, aprendemos a formular las preguntas correctas. En esta nueva era, lo que se nos exige a todos es un conjunto distinto de capacidades y una manera diferente de adquirirlas. Las habilidades necesarias en el mundo laboral entre 2025 y 2030 van a cambiar un 70%. Los trabajadores y servidores públicos tendremos que reciclarnos. Y en el contexto actual las capacidades humanas que queremos preservar y potenciar son entre otras: la empatía, la creatividad, el pensamiento crítico, el humor y la capacidad de juicio. Y formular códigos éticos, que son meros manuales de conducta, La falta de tiempo (Séneca), el liderazgo (Maria Zambrano) que se conquista cada día, etc... por eso, recuperar las reflexiones clásicas es útil y necesario. Por eso dedicamos tiempo a rescatarlas, compartirlas y ponerlas en valor. Y en estos tiempos de deshumanización e hiperautomatización, el pensamiento racional y la centralidad de la dignidad humana cobran aún más sentido. La dignidad y el respeto deben seguir siendo el eje de nuestra mirada… Vivimos una época donde todos opinamos sobre todo y las redes sociales amplifican cada juicio instantáneo, cada veredicto emocional. Y sin embargo, hemos perdido algo esencial: la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso, de orientarnos en un mundo que parece desmoronarse bajo nuestros pies.