Argentina
El artículo analiza cómo jóvenes de 18–30 años en Córdoba (Argentina) significan la precariedad y se vinculan con libertad, igualdad y democracia a partir de dos grupos focales realizados a fines de 2024. Sostenemos que las emociones son matrices de orientación política: climas de angustia, cansancio, bronca y desconfianza organizan disposiciones diversas. Identificamos dos traducciones afectivas del malestar. En el Grupo 1, la precariedad se nombra como condición estructural y se colectiviza en marcos de derechos, comunidad, universidad y Estado; allí, las emociones negativas pueden devenir reclamos y prácticas organizativas. En el Grupo 2, el malestar se privatiza y se administra mediante sobreesfuerzo individual; la libertad se reduce a margen de subsistencia y las metas se acotan al corto plazo. En ambos grupos, la democracia es valorada pero tensionada: aparecen temores por discursos de “enemigo interno”, desgaste institucional y desafección con la representación; a la vez, persisten experiencias de participación (asambleas, cooperativas) que funcionan como soportes. Interpretamos la disputa política contemporánea como disputa por sensibilidades: donde existen lenguajes comunes y soportes colectivos, la indignación se transforma en demanda y la esperanza se sostiene; donde faltan, predomina la autogestión del daño y el repliegue. Implicancias: articular políticas de ingresos, vivienda y servicios con dispositivos de salud mental comunitaria; promover infraestructuras de participación juvenil y alfabetización del desacuerdo; y desplegar narrativas públicas que reconozcan el daño, habiliten reconocimiento y ofrezcan rutas de acción compartidas.
This article examines how 18–30-year-olds in Córdoba, Argentina, make sense of precarity and relate to liberty, equality, and democracy, drawing on two focus groups conducted in late 2024. We argue that emotions provide orienting matrices for political disposition: climates of anxiety, exhaustion, anger, and distrust structure divergent stances. We identify two affective translations of distress. In Group 1, precarity is framed as structural and collectivized through rights-, community-, university-, and state-oriented languages; negative emotions can be converted into claims and organizational practices. In Group 2, distress is privatized and managed through individual overexertion; freedom narrows to subsistence margins and goals become short-term. Across groups, democracy is valued yet strained: fears about “internal enemy” rhetoric, institutional fatigue, and representational disaffection coexist with participatory experiences (assemblies, cooperatives) that operate as supports. We conceptualize contemporary political contestation as a struggle over sensibilities: where shared languages and collective supports exist, indignation becomes demand and hope is sustained; where they are absent, self-management of harm and withdrawal prevail. Policy implications include coupling income, housing, and basic services policies with community-based mental-health devices; strengthening youth participation infrastructures and disagreement literacy; and developing public narratives that acknowledge damage, enable recognition, and offer shared pathways for action.