La transparencia activa, puede jugar un papel renovador y potenciar la valoración de cara a la sociedad de la Administración de Justicia. La transparencia desempeña un papel fundamental en la construcción de confianza entre instituciones, organizaciones, usuarios, ciudadanos y profesionales. Su principal finalidad es garantizar el acceso a la información de manera clara y veraz, permitiendo que las personas comprendan las decisiones, situaciones, procesos y el uso de los recursos. Al promover la rendición de cuentas, se fomenta una cultura de responsabilidad que reduce la posibilidad de corrupción y abuso de poder. Este principio resulta esencial en democracias y organizaciones que buscan legitimidad ante sus ciudadanos o clientes. Además, la transparencia fortalece la participación, la comunicación y el diálogo. Cuando las personas tienen acceso a datos relevantes, pueden involucrarse activamente en la toma de decisiones y exigir que se respeten sus derechos, empodera a los individuos, e impulsa la innovación y la mejora continua al exponer áreas de oportunidad. En este sentido, actúa como un puente hacia una gestión más eficiente y ética. La transparencia (o su falta) crea imagen, crédito, es beneficiosa y potencia (o no) la repercusión de la actividad desarrollada en los diversos órganos o servicios judiciales y tribunales de instancia. Pero a la vez, la transparencia como concepto, como idea, implica disponibilidad, accesibilidad, servidumbre, servicio, multitud de actos complementarios a la «nuclear» actividad jurísdiccional. Son una ornamenta, un traje con el que revestir el derecho. Ser transparente es estar expuesto constantemente al escrutinio y la mirada de usuarios, ciudadanos y profesionales. A la vez, es un escaparate para demostrar la calidad, la atención, la voluntad de cumplir, de mostrar la ejemplaridad y profesionalidad por parte de los componentes de la organización, del trabajo en equipo... Genera dinámicas comunicativas, mejora la calidad de la organización, elimina burocracia, gestiones y actuaciones innecesarias, reduce lo innecesario porque los circuitos ya están determinados y simplificados… facilita las tareas «nucleares» (Juez) y «angulares» (LAJ). En este sentido podemos hablar de una transparencia pasiva (documentación e información) y una transparencia activa (actuación e innovación). La pasiva constituida por todo un marco de normativa. Y la activa que implica la proyección de toda una serie de actuaciones y actividad para canalizar y hacer más visible, presente, accesible y entendible toda la ingente cantidad de documentación e información disponible.