La situación de las mujeres chinas no es ajena a la compleja contradicción sociopolítica del país, que se materializa en la elaboración de leyes que protegen sus intereses laborales, las defienden de la violencia doméstica y reconocen sus derechos sobre los bienes matrimoniales en caso de divorcio. Pero, a la vez, el mercado dentro de los parámetros del sistema capitalista impone su lógica y ajusta las necesidades en función de los beneficios. Una lógica que se aplica tanto en la empresa, como en el comercio o en la unidad doméstica. La competitividad productiva reconfiguró el sector público, reduciendo la infraestructura social construida a lo largo del maoísmo, cuya primera consecuencia fue la expulsión de la mano de obra femenina de este sector, junto a la mercantilización de los servicios destinados a la crianza y el trabajo de cuidados.