El análisis occidental del impactante progreso económico chino se centra casi exclusivamente en las reformas de mercado, la apertura al comercio y la inversión extranjera. Sin embargo, este acercamiento deja fuera un componente central y que se tiende a tapar desde estos análisis: el desarrollo progresivo de los derechos sociales clave -educación, sanidad, empleo-como pilares estructurales del crecimiento sostenido de la economía china. Lejos de ser un efecto secundario del crecimiento, estos derechos están funcionando como palancas del desarrollo productivo y del empoderamiento social que han generado uno de los círculos virtuosos más importantes de nuestro siglo: el desarrollo económico chino se reinvierte en los trabajadores y la sociedad se empodera y recualifica, generando y ampliando un mayor impulso económico. Gracias a este progreso de los derechos sociales, hoy la sociedad china es, sin duda, la mejor cualificada en el mundo para el desarrollo industrial y para la implementación industrial y social de la revolución tecnológica en curso.