En este ensayo describimos la trayectoria académica de una extraordinaria pensadora, como lo es Gloria Comesaña Santalices, quizás de un modo que sorprenderá a muchas/os, incluso a las/os estudiosas/os de su obra, por la forma integrada en que presentamos aspectos de su vida intelectual y profesional hasta ahora conocidos en forma dispersa, cumpliendo así con nuestro propósito de demostrar la organicidad de su pensamiento. Hemos destacado, tal como Gloria lo solía exigir públicamente, su papel como académica, ya que, ante todo, se definía como filósofa, aunque como una filósofa marcada por el feminismo. También resaltamos el carácter amplio de su pensamiento filosófico, ya que, además de su conocida formación como marxista, sartreana, arendtiana y feminista, mantuvo importantes y abiertos diálogos con la ecología, la medicina, la psicología, la psiquiatría, la antropología, la historia, entre otras disciplinas. Son profundas sus interlocuciones con las teologías de pensadoras y pensadores, feministas o no, dedicando incluso varias décadas de su vida profesional a educar filosóficamente a seminaristas, ganándose por ello el respeto y la simpatía del gremio clerical, el cual la reconocía como una académica seria y como una pensadora con argumentaciones respetables contra la desigualdad y la injusticia social. Tal experiencia también le sirvió para reafirmar sus propias y heterodoxas concepciones de la Divinidad y de la religión. Así mismo, haremos referencia a los diferentes cargos de dirigencia que ocupó a lo largo de su trayectoria profesional, porque sabía de lo imprescindible que era para las mujeres con una visión feminista participar en las distintas instancias del poder universitario, como única forma de socavar las bases estructurales de una institución fuertemente marcada por el sexismo.
In this essay, we describe the academic career of Gloria Comesaña Santalices, an extraordinary thinker, perhaps in a way that will surprise many, even scholars of her work, due to the integrated way in which we present aspects of her intellectual and professional life, previously known in a scattered manner, thus fulfilling our purpose of demonstrating the organic nature of her thought. We have emphasized, as Gloria often publicly demanded, her role as an academic, since, above all, she defined herself as a philosopher, albeit one marked by feminism. We also highlight the broad nature of her philosophical thought, since, in addition to her well-known training as a Marxist, Sartrean, Arendtian, and feminist, she maintained important and open dialogues with ecology, medicine, psychology, psychiatry, anthropology, history, among other disciplines. Her interlocutions with the theologies of thinkers, both feminist and non-feminist, are profound. She even dedicated several decades of her professional life to the philosophical education of seminarians, earning her the respect and sympathy of the clerical community,which recognized her as a serious scholar and a thinker with respectable arguments against inequality and social injustice. This experience also served to reaffirm her own heterodox conceptions of Divinity and religion. We will also refer to the various leadership positions she held throughout her professional career, because she knew how essential it was for women with a feminist vision to participate in the various instances of university power, as the only way to undermine the structural foundations of an institution strongly marked by sexism.