Si algo tiene la música de universal es su capacidad de movilizar emociones como ninguna otra forma de expresión humana. Por eso, las canciones hacen del sonido y la armonía un canal único para narrar con alma historias. Unas veces cuentan hazañas y otras, dramas. Justamente, esta dimensión es la que interesa en este estudio, porque se centra en intentar ilustrar cómo es posible, a través de la música, en virtud de un puñado de canciones, especialmente del género llamado «cantautor», contar con precisión cuasi científica, la tragedia que sigue suponiendo para las personas y comunidades humanas los accidentes de trabajo (y de las enfermedades profesionales). Una tragedia nacional, pues España viene siendo, y lo es hoy, uno de los países europeos con mayor volumen de accidentes de trabajo, conformada a base de miles y miles de dramas individuales y familiares que vuelve de actualidad también en un sector, como el minero, que parecía ya haber dejado atrás esta lacra, también por su propia decadencia en la ahora augurada economía de la descarbonización. Pero el «nuevo objeto del deseo» económico, ese que se llama «tierras raras», en un escenario de constantes incumplimientos jurídicos, hacen que la música, pop, pero clásica ya, nos recuerde, con profunda emoción, cuán relevante es conciliar, mediante el respeto de las leyes sociolaborales, la búsqueda de beneficios de índole económica con los imperativos de la razón y del alma humana.