En muchas empresas, la conversación sobre salud mental ha pasado de los pasillos a los comités de dirección. Lo que antes se consideraba un asunto personal, hoy se revela como un factor estratégico para la sostenibilidad. En contextos de máxima presión, un mismo liderazgo puede convertirse en palanca de compromiso o en semilla de desgaste. La pregunta clave ya no es si debemos hablar de ello, sino cómo lograr que la exigencia y la competitividad convivan con el bienestar de las personas.