San Cristóbal de La Laguna, España
Los volcanes conforman unos de los paisajes más impresionantes de la Tierra y las erupciones que los generan tienen repercusiones inmediatas y rotundas sobre la fisonomía de los territorios donde tienen lugar provocando la reorganización del paisaje tanto natural como cultural. El ser humano ve en los volcanes uno de los fenómenos más temidos y respetados de la naturaleza por el riesgo que suponen para la población, sus bienes y equipamientos. Ahora bien, existe un elevado número de habitantes en zonas volcánicas activas en relación con los beneficios que éstos proporcionan. Entre ellos podemos enumerar los suelos fértiles para la agricultura, la energía geotérmica, los materiales para la construcción, el geoturismo, el patrimonio cultural intangible asociado con la gastronomía, el folclore, las creencias o la religión, etc. Por tanto, una erupción volcánica desempeña siempre un doble papel para los seres humanos, puede ser considerada como una amenaza para las sociedades que conviven con ella en relación con los peligros que entraña, pero también como una oportunidad para aquellas culturas que han sabido convivir con los volcanes y utilizar sus recursos