San Cristóbal de La Laguna, España
Cuatro años después del Tajogaite, la isla de La Palma transita el proceso de recuperación entre la memoria y el porvenir. La erupción, conmocionó y reconfiguró. Alteró el paisaje físico, y trastocó las constantes y también las inercias en que se sustentaban las bases simbólicas, sociales y económicas del imaginario y del prefigurado modelo de desarrollo insular. Una experiencia límite de aquella naturaleza reveló las vulnerabilidades de un territorio que, a pesar de su tamaño reducido, alberga una compleja red de ecosistemas, recursos naturales, saberes, vínculos culturales y formas de adaptación a un modo de vida singular. Pero también ha puesto en evidencia la capacidad de superación, de asimilación del fenómeno volcánico y de reinvención que caracteriza a sus habitantes. La Palma, con su orografía abrupta, su diversidad bioclimática y su rica historia cultural, afronta un momento decisivo. La condición de isla se reevalúa en estos acontecimientos, y consustancialmente a sus límites, le otorga una escala manejable y una identidad propia para ensayar fórmulas de desarrollo sostenible que pueden servir de referencia global. En su limitada geografía, la isla condensa los desafíos y las posibilidades del mundo contemporáneo: preservación del patrimonio natural y cultural, evolución científica, tecnológica y digital, transición energética y gestión del agua, innovación social y bienestar humano o transformación sostenible de los sistemas productivos.