La economía española atraviesa un momento favorable, con tasas de crecimiento que más que duplican la media europea, sin que aparezcan importantes desajustes macroeconómicos. Sin embargo, el ciclo expansivo, tras haber resistido a todos los shocks advenidos estos últimos años, está perdiendo su motor externo, de modo que el crecimiento ya solo se sustenta en la demanda interna. Por otra parte, la incorporación de nueva fuerza laboral extranjera, factor que explica el 65 % del empleo creado en el último trienio, se ve constreñida por la escasez de vivienda. Otro condicionante del crecimiento y de la productividad es el déficit de inversión privada, que anota un retroceso en términos reales del 5 % con res-pecto al nivel prepandemia. Con todo, se prevé un avance del PIB del 2,9 % para este año, perdiendo vigor hasta el 1,9 % en 2026 y 1,7 % en 2027. Un resultado todavía notable, pero que pone de manifiesto la necesidad de abordar los déficits de inversión residencial y empresarial.