El pasado 30 de septiembre, el secretario de Defensa estadounidense —ahora rebautizado como secretario de la Guerra— predicó ante varios cientos de oficiales la urgencia de una revolución cultural contra la supuesta laxitud que reina en las filas: diversidad, obesidad, falta de entrenamiento. ¿Acaso un desfile fallido en Washington, unas semanas antes, provocó su ira?