Por todo el mundo hay gobiernos que gastan dinero a espuertas para desarrollar una “inteligencia artificial soberana”: un oxímoron, habida cuenta de lo mucho que depende esta tecnología de las industrias estadounidenses. Favorecida por las tensiones internacionales, la soberanía se ha convertido en una mercancía que rivaliza con el oro, las criptomonedas o los coches de lujo.