Cuando el Estado se arma contra sus enemigos a través del Derecho penal caen en el centro de atención no solo individuos especialmente poderosos sino también, rápidamente, las asociaciones en las que aquellos participan o que configuran. La Fracción del Ejército Rojo (RAF) es un ejemplo de ambas facetas, mientras que respecto del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y de la Última Generación (Letzte Generation), el foco está centrado primordialmente en la organización. Los tipos penales de los §§ 129 ss. del Código penal alemán (StGB) así como los reveladoramente llamados delitos de desobediencia (Ungehorsamsdelikte) de los §§ 84 ss. StGB despiertan sospechas, aunque la incorporación a una organización pueda efectivamente facilitar la comisión de delitos en su seno. También se habla, aunque con menos pulcritud, en el contexto constitucional de la antijuridicidad penal de ciertas organizaciones, con lo que las cautelas que ofrece el bien jurídico y la estructura del delito son marginadas, de modo que queda alisado el camino para ampliar la lucha política a lo que no son más que organizaciones indeseadas.