El autor considera que la colonización, tanto exógena como endógena, lingüística que está sufriendo nuestro idioma está enmascarando conductas que de ser descritas con la limpieza semántica que siempre caracterizó nuestra lengua constitucionalmente oficial, podrían estar dificultando gravemente algo tan importante en Derecho como es la tipificación. Es asombroso ver como están induciendo a error anglicismos que se aceptan como válidos y cuya correcta traducción demuestra que el término enmascara conductas que trascienden lo asocial incurriendo, en ocasiones. Incluso en la esfera de lo punible.