Eran las diez de la mañana, del pasado 7 de octubre, cuando un estruendo seco interrumpió la rutina del barrio de Chamberí. Un muro de contención se desplomó en una obra y sepultó bajo toneladas de tierra a cuatro personas, entre ellas la arquitecta responsable del proyecto. El derrumbe, ocurrido en pleno centro de Madrid, ha vuelto a recordar que la seguridad en la construcción no depende del azar, sino del rigor técnico y del compromiso real de quienes dirigen y ejecutan las obras