El derecho a la salud mental —igual que la física— es un derecho fundamental, vinculado a otros derechos fundamentales como el derecho a la integridad física (art. 15 CE) y a la dignidad (art. 10 CE).
La OMS define la salud mental como «un estado de bienestar en el que el individuo es consciente de sus capacidades puede enfrentarse a las exigencias normales de la vida y trabajar de forma productiva y fructífera, y es capaz de contribuir a su comunidad».
La gestión de riesgos laborales se ha centrado tradicionalmente en la seguridad física de las personas trabajadoras. Sin embargo, la creciente prevalencia de trastornos mentales y el estrés relacionado con el trabajo han puesto de manifiesto la necesidad de integrar la protección de la salud mental en las políticas de gestión preventiva. Este artículo aborda la importancia de la protección de la salud mental en el entorno laboral, los desafíos asociados y las estrategias que pueden implementarse para crear un ambiente laboral más saludable.