Lituania
En 2014, el Ministerio de Seguridad Social y Trabajo de Lituania publicó el Plan de Acción para la Transición de la Atención Institucional a la Atención Comunitaria. Este plan estipulaba la creación de oportunidades para que las personas con discapacidad recibieran servicios basados en la comunidad. La reforma se enfrentó a importantes protestas en las comunidades locales, que estaban en contra de sus nuevos vecinos con discapacidad. En este artículo sostengo que la insuficiente lucha contra el estigma dio lugar a la desinstitucionalización del estigma, un proceso que está teniendo lugar paralelamente a la desinstitucionalización de la atención.
El estudio de caso utilizó la observación de reuniones públicas, el análisis de la cobertura mediática de las protestas comunitarias, la realización de entrevistas con personas con discapacidad intelectual y psicosocial, miembros de la comunidad, trabajadores sociales, activistas y expertos en desinstitucionalización, junto con la creación de mapas ecológicos.
La investigación ha arrojado nueva luz sobre la lucha contra el estigma a través de la protesta, la educación y el contacto (Corrigan & Penn, 1999). El Ministerio y los medios de comunicación, identificados como actores principales en los esfuerzos educativos, mostraron estrategias de comunicación deficientes; el enfoque retardado, abstracto y no localizado del Ministerio contrastaba con el papel de los medios de comunicación a la hora de resaltar los conflictos potenciales, lo que, en consecuencia, impedía la reducción del estigma.
Las protestas en las comunidades se utilizaron para expresar actitudes negativas hacia las enfermedades mentales. Las protestas no estaban orientadas a combatir el estigma sino que, por el contrario, sirvieron para amplificarlo al dirigirse a los residentes de los hogares de grupo.
El encuentro con personas con discapacidad psicosocial bien integradas reduce el estigma, pero la investigación pone de relieve una falta sustancial de encuentros de este tipo; el estigma público limita las interacciones de los miembros de la comunidad con las personas con discapacidad, mientras que el autoestigma lleva a las personas con discapacidad a evitar el compromiso, lo que da lugar a oportunidades de participación limitadas y a interacciones poco frecuentes entre ambas partes.
In 2014 the Lithuanian Ministry of Social Security and Labour issued the Action Plan for the Transition from Institutional to Community-Based Care. This plan stipulated creating opportunities for persons with disabilities to receive community-based services. The reform faced significant protests in local communities, who were against their new neighbours with disabilities. In this paper I argue that insufficient address of stigma resulted in deinstitutionalisation of stigma – a process that is taking place parallel to the deinstitutionalisation of care. The case study utilized observing public meetings, analyzing media coverage on community protests, conducting interviews with individuals having intellectual and psychosocial disabilities, community members, social workers, activists, and experts in deinstitutionalization, along with creating ecological maps.
Research has shed new light on combating stigma through protest, education, and contact (Corrigan & Penn, 1999). The Ministry and the media, identified as main actors in educational efforts, displayed deficient communication strategies; the Ministry's delayed, abstract, and non-localized approach contrasted with the media's role in highlighting potential conflicts, consequently impeding stigma reduction.
Protests in the communities was used to express negative attitudes toward mental illness. The protests were not geared towards combating stigma but, instead, served to amplify it by targeting residents of the group homes.
Encountering well-integrated individuals with psychosocial disabilities reduces stigma, but the research highlights a substantial lack of such encounters; public stigma limits community members' interactions with individuals with disabilities, while self-stigma prompts people with disabilities to avoid engagement, resulting in limited participation opportunities and infrequent interactions between both sides.