México
Argentina
Los altos niveles de desigualdad y pobreza que han caracterizado históricamente a las sociedades latinoamericanas se han consolidado en lo que la CEPAL denomina una “trampa que obstaculiza el desarrollo” (2024, p. 16). Los rasgos histórico-culturales de los países de la región, junto con sus estructuras productivas, regímenes políticos y sistemas de bienestar, se entrelazan para sostener mecanismos institucionalizados que perpetúan la generación y reproducción intergeneracional de la desigualdad y la pobreza, modelando así la estructura social. Diversos estudios han mostrado que este patrón de persistencia en América Latina, aunque varía entre los diferentes países, se ancla en sociedades poco fluidas que presentan estructuras de clase asociadas a múltiples inequidades sociales y económicas. Estas desigualdades, a su vez, definen las oportunidades de vida y la exposición al riesgo de pobreza (Kessler, 2014; Pérez Sainz, 2016; Solís et al., 2019; Solís y Boado, 2016).