Si el Reglamento General de Protección de Datos se aplica con el debido rigor metodológico se alcanza como resultado la generación de conjuntos de datos confiables, seguros y de alta calidad, se alinean las prácticas de la entidad y los fines de la misma, se ordenan los procesos y flujos de datos, se empodera a cada usuario del sistema de información desde el conocimiento y la responsabilidad a la vez que se integra el proceso en una estructura organizativa adecuada y, en una lista que podríamos ampliar, se definen condiciones para la reutilización de los datos en el contexto de la economía del dato asegurando nuevas formas de planificar, innovar y emprender sustentadas en evidencia confiable. ¿Dónde está el problema?